Ariadna y Bridget llevaban meses participando, en el marco del ISM, en manifestaciones populares semanales en contra del Muro del Apartheid, la colonización y la ocupación en diferentes puntos de los territorios palestinos, principalmente en Bil'in, Ni'lin, Nabi Saleh y Al-Ma'sara (todas ellas poblaciones cisjordanas) y en el barrio de Sheikh Jarrah de Jerusalén Este. Sus actividades políticas eran, como los hechos han demostrado, bien conocidas por parte de las autoridades sionistas.
La madrugada del domingo 7, cerca de diez soldados israelíes irrumpían en la casa del International Solidarity Movement, situada en la ciudad palestina de Ramallah (Cisjordania), donde las jóvenes estaban pasando la noche, en compañía de otros activistas de la misma organización. Después de revisar los pasaportes de todos los presentes, y al constatar que los visados de turista de Ariadna y Bridget ya habían vencido (normalmente son de 3 meses de duración), las fuerzas de ocupación se las llevaron esposadas hacia la prisión militar de Ofer, situada también en territorio ocupado, donde fueron entregadas a la unidad de migración israelí Oz. Posteriormente fueron llevadas a la cárcel de Givoni (Ramle), donde pasaron la noche. El objetivo de las autoridades israelíes era claramente su deportación del país, por razones políticas.
El caso es de una complejidad legal monumental, y ciertamente kafkiana. Cabe recordar que Ramallah, como todas las grandes ciudades palestinas cisjordanas, se encuentra en zona A donde, en virtud de los acuerdos de Oslo firmados en 1994 entre el Gobierno de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), la administración civil y la seguridad recaen en la Autoridad Nacional Palestina. El ejército israelí sólo puede llevar a cabo una incursión como la del día 7 en una zona A si es por "razones de seguridad". Pero tal y como explicaron los testigos de la incursión, la principal preocupación de las IDF (Israel Defense Forces) fue la vigencia de los visados de los activistas internacionales. Si la prioridad era expulsar a activistas en situación "ilegal", las autoridades israelíes también cometieron a su vez una ilegalidad interna, porque las dos chicas arrestadas fueron entregadas a la unidad de migración Oz en la prisión de Ofer, que se encuentra en territorio ocupado, y por tanto fuera de la jurisprudencia de esta unidad, que sólo puede actuar en las fronteras internacionalmente reconocidas de Israel (las del armisticio de 1949).Tenemos pues una incursión militar ilegal (realizada en zona A sin haber objetivas razones de seguridad que la justificaran), combinada con una acción ilegal de la unidad de migración Oz (que actuó más allá de las fronteras reconocidas de Israel). Y no olvidemos que el objetivo real era castigar y quitarse de encima a "molestas" activistas internacionales que se manifiestan con otros activistas palestinos e israelíes contra el Muro del Apartheid, que es por cierto otra ilegalidad, tal como dictaminó la Corte Internacional de Justicia en 2004. Y todo esto sucede, claro está, en un territorio (Cisjordania) que Israel ocupa ilegalmente según determinó la resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 1967.
El surrealismo legal kafkiano llegaba a su cima ayer por la mañana en la Corte Suprema cuando ésta admitía que la unidad de migración se había excedido en sus funciones, que el arresto no era procedente y que por tanto las chicas debían ser liberadas, pero con la condición de no volver a los territorios palestinos. En otras palabras: Ariadna y Bridget fueron detenidas en Palestina supuestamente por estar en situación ilegal en Israel, y ayer fueron liberadas en Israel con la condición de no volver a Palestina. Pero el caso todavía no está cerrado: en los próximos días sabremos qué ocurre finalmente con sus visados y si los tribunales israelíes dan la razón a los abogados de las dos activistas y les permiten volver a entrar en Cisjordania para que puedan continuar con sus actividades de apoyo a la causa palestina.

