lunes, diciembre 28, 2009

La trampa de Israel

Uno de los objetivos históricos del proyecto sionista en Palestina ha sido desactivar y eliminar cualquier tipo de resistencia no-violenta a la ocupación. Israel es un país creado a sangre y fuego, que cuenta con una sociedad fuertemente militarizada y que se mueve cómodamente en la lógica de la violencia, la seguridad y la "auto-defensa". Por tanto, lo que menos le interesa es que la resistencia palestina se manifieste de forma no-violenta, ya que eso la haría muy difícil de afrontar a nivel político, militar y estratégico. Además, las acciones de represión de una resistencia de este tipo serían fuertemente condenadas por la comunidad internacional. Por tanto, en esta lógica militarista, es vital para el Estado judío que los palestinos resistan -de forma individual o colectiva- haciendo uso de la violencia. Si los palestinos responden a las injusticias que sufren con atentados terroristas, disparos, pedradas y cócteles molotov, Israel puede seguir amparándose en la "lucha contra el terrorismo islámico", las "razones de seguridad" y "el derecho a la auto-defensa" para seguir cómodamente con su plan colonial: judaización, limpieza étnica, construcción de colonias, fragmentación del territorio, control de los recursos naturales, etc. Queda claro, pues, que el objetivo de la potencia ocupante es en todo momento cerrar todas las vías no violentas para arrastrar al pueblo palestino hacia la resistencia violenta. Durante las últimas semanas, varias acciones del Estado de Israel han mostrado de forma cristalina esta maquiavélica estrategia.

El 22 de septiembre pasado Mohammad Othman (33 años), activista de la campaña "Stop the Wall" nacido en Jayyus (Cisjordania) y con años de experiencia en la lucha por los derechos del pueblo palestino, regresaba de una gira por varios países escandinavos donde había estado hablando sobre el Muro del Apartheid y de su nefasto impacto, así como de la creciente campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel. Cuando volvía a casa vía Jordania, fue detenido por las autoridades israelíes en el paso fronterizo del puente de Allenby. Después de 60 días de retención y de interrogación en duras condiciones, no encontrando ninguna evidencia de sus "crímenes", el tribunal militar decidió poner a Mohammad en detención administrativa, es decir, retenido sin cargos ni juicio de ningún tipo. El 22 de diciembre, pasado el mes de detención decidido por el juez, el tribunal extendió la detención durante 30 días más, hasta el 22 de enero de 2010.

El 10 de diciembre a las 2 a.m. Abdullah Abu Rahma, profesor de escuela y coordinador del Comité Popular de Bilín (Cisjordania) contra el Muro y los Asentamientos, fue detenido en su casa de Ramallah por el ejército israelí, en presencia de su mujer y sus tres hijos. Durante casi cinco años ha estado organizando con el resto de miembros del comité manifestaciones populares de carácter no-violento contra el Muro del Apartheid, que ha devorado cerca del 60% de las tierras del pueblo, en beneficio de las colonias judías de Modi 'in Illit y Mattiyahu. El tribunal militar acusa a Abdullah de "incitación", "lanzamiento de piedras" y lo más surrealista de todo, "posesión de armas" (debido a la "manía" que tiene la gente de Bilín de recoger cartuchos usados de gas lacrimógeno y de bombas de sonido para mostrarlos al mundo).

El 15 de diciembre la policía israelí pidió por teléfono a Jamal Juma (47 años), coordinador de la campaña "Stop the Wall" (donde también trabaja Mohammad) que se presentara al check-point militar de Qalandia (Jerusalén), para su interrogación. Jamal se presentó, y dos horas y media después la policía lo llevó esposado a su casa de Jerusalén, donde se encontraban su mujer y sus tres hijos. Después de registrar la casa, se lo llevaron a un centro de detención. Jamal ha trabajado durante muchos años en la defensa de los derechos del pueblo palestino, y ha sido miembro fundador de diversas ONG y redes de la sociedad civil. Desde 2002, coordina la campaña contra el Muro del Apartheid, y contrariamente a la mayoría de hombres palestinos, nunca había sido encarcelado hasta ahora. Actualmente está siendo interrogado, sin tener acceso a su abogado.

Estos tres activistas, pese a sus diferentes perfiles y estatus legal (Abdullah y Mohammad tienen ID palestino, mientras que Jamal tiene ID israelí de "residente permanente" en Jerusalén Este), comparten la estrategia de la resistencia no-violenta a la ocupación, basándose en el respeto a los derechos humanos y al derecho internacional. Pero la estrategia que han elegido molesta e incomoda a Israel, por eso ellos y muchos otros como ellos son considerados por la ocupación como elementos peligrosos que deben ser neutralizados.

La estrategia israelí de arrastrar los palestinos hacia la violencia no se limita a reprimir los movimientos y los activistas que resisten de forma no-violenta, sino que se complementa, como es lógico, con violencia militar.

El sábado 26 de diciembre en la madrugada, el ejército israelí llevó a cabo una incursión en la ciudad cisjordana de Nablus y asesinó a sangre fría, delante de sus aterrorizadas familias, a tres hombres afiliados a las Brigadas de Mártires de Al-Aqsa, vinculadas al partido Al Fatah del presidente Mahmoud Abbas. Según el ejército, se trataba de una respuesta al asesinato a tiros, dos días antes, de un colono judío por parte de este grupo armado palestino. Nablus, que ha experimentando durante los dos últimos años una fuerte -y frágil- recuperación económica y mejoras palpables en la seguridad y en la movilidad, ve así como vuelven los fantasmas del pasado. El mismo día, el ejército israelí asesinaba a tres jóvenes palestinos en Gaza, cerca del paso fronterizo de Eretz, con el pretexto de que pretendían entrar en Israel.

Con este doble ataque, en un solo día, Israel ha conseguido varios objetivos: ha castigado con la muerte los supuestos responsables del asesinato del colono; ha puesto contra las cuerdas a la Autoridad Palestina, entrando de forma ilegal en una zona A cisjordana (donde la administración y la seguridad son responsabilidad palestina) y ridiculizando la "intensa coordinación" en el campo de la seguridad que se da entre las fuerzas ocupantes y el gobierno palestino de Al Fatah; ha violado los acuerdos de amnistía y de no agresión hacia aquellos combatientes (principalmente de las Brigadas de Al Aqsa) que decidían dejar las armas; ha tensado la situación en Gaza, donde hace meses que prácticamente no hay lanzamiento de cohetes Qassam a Israel porque Hamas necesita calma para no perjudicar las negociaciones de intercambio de prisioneros. Pero lo más importante de todo, la potencia ocupante ha añadido leña al fuego de la venganza, animando a los palestinos a responder a la brutal agresión de forma violenta. Su acción ha sido efectiva, tal como demuestran las palabras de un portavoz de las Brigadas de Al Aqsa: "Con estos asesinatos en Nablus y Gaza, la ocupación israelí ha abierto las puertas de su propio infierno"; también declaraba que "Los israelíes lamentarán lo que han hecho porque nuestra represalia llegará pronto".

La estrategia de arrastre de los palestinos hacia la violencia tiene más sentido que nunca, en un contexto en que Estados Unidos y la Unión Europea presionan al gobierno de Netanyahu para que detenga la construcción de colonias judías en Cisjordania y Jerusalén Este; un paro que teóricamente Israel se ha comprometido a realizar durante diez meses, pero que no incluye Jerusalén Este y que está demostrando ser poco más que una gran operación de marketing diplomático, ya que las construcciones siguen adelante y los colonos reciben ayudas públicas millonarias. Un nuevo ciclo de violencia haría que la atención mediática se desplazara de la congelación en la construcción de colonias hacia el tradicional "terrorismo palestino", dando un respiro al gobierno de Israel, que podría continuar su proyecto colonial mientras la presión volvería a caer sobre la Autoridad Palestina y sus compromisos en la lucha contra las facciones resistentes armadas.

Israel ha utilizado esta táctica en muchas ocasiones, y en general le ha funcionado muy bien. Pero posiblemente las cosas ya no son como antes. Actualmente es difícil imaginar una "Tercera Intifada", o un ciclo de violencia sostenida que llegue a los niveles de la Segunda Intifada. Aunque la mayoría de palestinos sigue creyendo en la legitimidad y la necesidad de la resistencia armada a la ocupación, los ánimos y las fuerzas no son los mismos que durante el año 2000, y la mayoría de la población palestina es consciente de que la Segunda Intifada no logró casi nada, y en cambio generó un enorme sufrimiento colectivo que aún se arrastra actualmente. Por otra parte, los movimientos de resistencia no-violenta se han consolidado durante los últimos años, como demuestran las perseverantes manifestaciones semanales contra el Muro en Bilín, Nilín, Masara y contra la judeización en Sheikh Jarrah (Jerusalén Este), que han contado con la implicación creciente de activistas israelíes e internacionales, haciéndolas aún más poderosas. La estrategia no-violenta del Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel también ha ido cogiendo fuerza, anotándose significativas victorias periódicamente, y es difícil de creer que su impulso decaiga, sino todo lo contrario.

Israel tiende la trampa de la violencia a los palestinos, sabiendo que han caído muchas veces en ella y que pueden volver a caer. Conoce bien el temperamento y el caràcter de su enemigo. De hecho, es más que probable que las acciones de Israel encuentren una respuesta violenta por parte de la resistencia palestina. Pero eso no impedirá la consolidación de las diferentes estrategias de resistencia no-violenta, que ganan fuerza progresivamente y que son las que, al fin y al cabo, acercarán Palestina a su soñada libertad.

martes, octubre 27, 2009

Guerra y paz en Efrata

Esta historia empieza en el restaurante Legacy, uno de los mejores del Jerusalén Este palestino (aunque relativamente barato), donde fui a cenar hace unos meses con unos amigos. Durante estas cenas -que se dan con bastante frecuencia- nos ponemos al día de los últimos chismorreos, nos reímos y, como no, hablamos hasta la saciedad de la ocupación israelí, un tema omnipresente en nuestras vidas.

En algún rincón del hotel (que alberga al restaurante), encontramos un pequeño libreto llamado Jerusalem Coupons, una peculiar guía turística que ofrece cupones de descuento (de hasta el 20%) para todo tipo de bienes y servicios: restaurantes (la mayoría de ellos Kosher), cafeterías, masajes, artesanías judías, posters con motivos sionistas, sombreros (que no son especialmente la predilección de las mujeres palestinas), bordados (hechos en el barrio ultra-ortodoxo de Me'a She'arim), deportes de aventura (en colonias judías cisjordanas como Gush Etzion o Armon Hanatziv), etc. Nos sorprendió encontrar un producto tan pensado para el público judío en un restaurante palestino, algo que seguramente se debe a que el Legacy es frecuentado por clientes israelíes, un hecho no muy habitual en los restaurantes árabes de Jerusalén Este. La razón de esta extraña presencia -en una ciudad tan dividida- se debe al prestigio del lugar y a que se encuentra a escasos metros de la Línea Verde, es decir, del oeste judío de la ciudad.

Pero la sorpresa se transformó en asombro cuando vimos que uno de los cupones ofrecía un 15% de descuento en un lugar llamado “Calibre 3”, dedicado al “entrenamiento anti-terrorista, en las preciosas montañas de Gush Etzion”. Se podía leer también “Aprenda a disparar con los máximos expertos israelís en anti-terrorismo”, “Vea desde dentro los inmensos retos de seguridad a los que Israel se enfrenta”, e incluso “Programa para familias, grupos e individuales”. Resultaba un programa demasiado tentador para ignorarlo, así que una amiga periodista y yo decidimos ponernos en contacto con Calibre 3 e ir a visitarles.

En contra de lo esperado, nuestro contacto en Calibre 3, el lugarteniente coronel Sharon (bonito nombre para un experto anti-terrorista) respondió favorablemente a nuestra petición y accedió a recibirnos. Semanas después, durante una calurosa mañana de octubre, nos adentramos en la Cisjordania ocupada. Nos dirigimos hacia la colonia de Efrata, al sur-oeste de Belén, donde se encuentra el campo de entrenamiento.

Pasada la barrera de seguridad a la entrada del asentamiento, con la ayuda de las indicaciones de Sharon, llegamos finalmente a Calibre 3, un sórdido lugar lleno de sonrientes machos armados. Nuestro hombre nos recibió y nos invitó a pasar a su despacho. Descubrimos al poco rato que Sharon era un tipo serio pero agradable, suficientemente abierto como para entrevistarse con -¿hostiles?- medios de comunicación, en su afán por mostrar al mundo que él es un profesional de la seguridad, y no un político. Esta es la síntesis de la entrevista que tuvo lugar:

  • Sharon: Efrata se creó hace unos 26 años. Es un área de cerca de 6 Km de largo, y 1 Km de ancho. Hay cerca de 10.000 personas; no soy el alcalde, sólo estoy haciendo estimaciones (ríe). Básicamente viven aquí judíos religiosos, pero no sólo, también hay seculares, hay bastante mezcla.

  • Nosotros: ¿Vives aquí, en Efrata?

  • S: Yo en concreto, vivo aquí, pero la mayoría de instructores no vienen de este área; vienen de Tel Aviv, del norte, del sur...

  • N: ¿Cuanta gente trabaja aquí?

  • S: Entre 20 y 30 personas.

  • N: Explícanos la historia de esta iniciativa. ¿Cuándo la creaste?

  • S: Soy lugarteniente coronel en el ejército, trabajé casi toda mi vida en contra-terrorismo; es mi profesión, es lo que hago. Hace unos 5 años decidí convertirme en un emprendedor privado. Y puse las bases para crear este lugar, que es una escuela de seguridad y contra-terrorismo. Hoy en día somos sub-contratantes del Ejército israelí, la policía, y de otros lugares que prefiero no decir.

  • N: ¿Pero es un lugar principalmente dirigido a turistas y familias?

  • S: No. Este lugar se dirige principalmente a profesionales, que hacen cursos largos, de más de una semana y hasta 4 meses. Todos ellos han acabado su servicio militar, y aquí se profesionalizan más aún. Pero sobre la marcha, creamos también un programa especial para turistas, familias, y gente que quiere disparar. Hay otros lugares que enseñan a disparar, pero sólo aquí puedes hacerlo con gente que han combatido, que saben de lo que hablan, que te enseñan cosas reales y no cosas que han visto en Hollywood.

  • N: ¿Qué tipo de actividades hacéis?

  • S: El programa para turistas dura 2 horas; empieza con una charla sobre el lugar (Caliber 3); después les hacemos una demostración de lo que significa disparar en anti-terrorismo; es real: ellos miran, y nosotros se lo mostramos. Les damos lecciones sobre armas, no teóricas, sino prácticas. Hacen cosas activas: se ponen en posición de disparar, corren, saltan....cosas que tienes que hacer cuando combates. Y finalmente disparan.

  • N: ¿No necesitan conocimientos previos de seguridad?

  • S: No necesitan nada, sólo ser un poco valientes, porque al principio da un poco de miedo. Supone mucho poder en tus manos.

  • N: ¿La mayoría de personas formadas viene de los Estados Unidos?

  • S: La mayoría sí, pero tenemos gente de Inglaterra, España, Rusia, de todos los países. Tenemos a judíos, a no judíos...Simplemente gente que quiere experimentar el hecho de disparar. No hay muchos lugares como este en el mundo.

  • N: ¿Entre los profesionales que se forman aquí, la mayoría son israelís?

  • S: La mayoría israelís, pero también tenemos militares americanos, rusos, gente de todo el mundo.

  • N: ¿Y cuál es la reacción de los niños?

  • S: Por ley, en Israel, cualquier persona puede disparar, no hay límite. El único límite es que si eres menor de 18 años, necesitas el permiso parental, y si eres mayor de 18, un permiso médico. Pero no pueden disparar solos, siempre lo tienen que hacer con un instructor. Pero yo prefiero que sólo disparen los mayores de 13 años. Algunos sí tienen miedo, pero no hay que forzarles, tienen que hacerlo de forma natural. A la mayoría realmente les gusta. A las mujeres y los niños les da miedo al principio, sólo el marido quiere disparar, pero una vez lo hacen, es adictivo disparar...es algo que te da mucha satisfacción. Es un poder que, a menos que lo experimentes, no lo entiendes. La gente se engancha, tengo que decirles que se acabó, que se vayan a casa, pero no quieren irse. Los mismos niños y mujeres que al principio no querían hacerlo. Nunca he visto una persona que hiciera el curso y no disfrutara. Es como una experiencia en el ejército, pero con buenos comandantes; no como en el ejército, donde si no haces bien algo, tienes problemas.

  • N: Pero quizá para un niño no es muy recomendable la cultura de violencia, tener un arma a una edad tan temprana.

  • S: Si quieres que te diga la verdad, tal como yo lo veo, hoy en día, la televisión, Internet...todo es tan violento. No sé si lo habéis leído, pero en Israel, la violencia está al alza, la gente se mata, y no porque hayan ido a un curso de tiro. Creo que una persona que viene aquí, entiende lo mortíferas que son estas armas, y lo hace con un instructor que le cuenta...La gente sale de aquí con respeto a las armas. Creo sinceramente que una persona que ha pasado por aquí, tiene muchas menos probabilidades de ser violento con un arma, que una persona que lo vio en televisión. Es lo mismo que pasa con las artes marciales. La gente que conoce estas artes, no van por la calle golpeando a la gente. La gente que lo hace es violenta, tienen baja autoestima, y sienten que tienen que demostrar algo. Por cierto, también enseñamos artes marciales aquí.

  • N: ¿Cuáles?

  • S: Krav Maga, una arte marcial israelí. Bueno, realmente no es un arte marcial, es auto-defensa. Cuando combinas esto con armas, te conviertes en un buen soldado.

  • N: ¿Por qué para los israelís es tan importante la defensa, la protección?

  • S: Porque desafortunadamente es como vivimos. Aquí en Israel ahora está todo bastante tranquilo, pero recuerda hace un año como todo el sur de Israel era bombardeado cada día. Hace 3 años, todo el norte de Israel. Hace 5 años, en Jerusalén y Tel Aviv, había un ataque terrorista casi cada día, y la gente moría. Y si no te proteges, tienes problemas. Y es por eso todo aquí gira alrededor del ejército. Los soldados israelís que acaban su servicio de 3 años están contentos. Y les digo, como alguien que ha estado toda su vida en el ejército, “¿Por qué estáis tan contentos, si aún os quedan 20 años más?”, puesto que aquí la gente va a la reserva hasta los 40 años. Sin ejército, sin seguridad, no habría Israel.

  • N: ¿Consideras a la gente que vive alrededor de Efrata como potenciales terroristas?

  • S: No. Tengo un montón de amigos árabes. Efrata tiene un montón de amigos árabes y de contactos. Pero te voy a contar la mentalidad de Oriente Medio: somos amigos, pero siempre hay sospecha. Así es como los árabes nos consideran. Por la situación, necesitas años para hacerte amigo de ellos. Pero tengo amigos así. Los conozco de hace 15-20 años, y tenemos muy buena relación. Vienen a mi casa a comer, voy a la suya. Hay gente judía mala que hace ataques terroristas contra árabes, y al revés. Pero la mayoría de israelís consideran a la mayoría de árabes como gente que tiene el derecho de vivir aquí, pero siempre sospechan. Porque cuando sufres ataques terroristas, sospechas.

  • N: ¿Y tus amigos árabes, pueden entrar a Efrata?

  • S: Sí, si pueden. Tienen que cumplir ciertas regulaciones, pero ellos entran en Efrata más que los judíos entran en sus pueblos.

  • N: ¿Acaso dicen en ocasiones, “esta es mi tierra, por qué estáis aquí?

  • S: No, eso lo dicen los periodistas y los políticos. La mayoría de la gente dice es “tú vives allí, yo aquí; no me molestes y yo no te molestaré”.

  • N: ¿Qué tipo de armas tenéis aquí?

  • S: Lo que quieras (ríe). Entrenamos con M-16, con el nuevo fusil israelí llamado Tavo, Galil -que es similar al AK-47-, pistolas de varios tipos, Uzis...

  • N: ¿Y granadas?

  • S: No, no estamos autorizados a tener granadas aquí. Sólo armas que disparan balas. Sólo ciertos calibres.

  • N: Me gustaría saber si, en caso de que el gobierno te ofreciera una buena compensación para irte de Efrata, lo harías.

  • S: ¿Yo, en concreto? Si es la decisión del gobierno, lo haría. No soy una persona problemática. He estado en el ejército toda mi vida, soy un soldado. Si eso deciden, lo haré. Pero prefiero vivir aquí. Así es como, de hecho, la mayoría de israelís piensan. La gente hace lo que les pide la ley.

  • N: ¿Crees que la mayoría de personas en Efrata piensan como tú, o lucharían contra esta decisión?

  • S: No, Efrata es un lugar tranquilo. La mayoría de gente, si hubiera una ley que les obligara a irse, lo harían. Pero a todo el mundo que vive aquí le gusta su casa, como es normal. Si no hay una ley, se quedarán. Y por cierto, la relación entre Efrata y los pueblos árabes que la rodean -es algo que gente de todo el mundo viene a ver- es muy buena, muy muy buena. Aunque tengo que decir que en Efrata hubo un atentado suicida en 2003 que vino de un pueblo al lado, Wadi an Nis. Este pueblo tiene muy buena relación con Efrata, que construyó la escuela de Wadi an Nis, y su patio de recreo. Hay buenas relaciones, pero con sospecha.

  • N: ¿Por qué [los árabes] lo hacen, si la relación es buena?

  • S: La mayoría de árabes no hacen estas cosas. La mayoría quieren vivir, y dejar vivir a los judíos vivir: “yo vivo en mi tierra, y tú vives en tu tierra”. Pero hay gente en el Estado israelí, y en Estado árabe, a los que les va bien que haya bombas...la gente se beneficia de esas cosas. Pero ya te dije, no soy un político, no quiero entrar en ese tema.

  • N: ¿Como profesional del ejército, qué piensas de la última operación en Gaza?

  • S: Pienso que fue una gran operación. Pienso que es una pena que hubiera que esperar tantos años para realizar una operación así. Pienso que si alguien bombardea tu país, hay que hacer todo lo posible para pararle.

  • N: ¿Entonces dirías que fue una operación exitosa?

  • S: Pienso que lo fue, pero se paró en la mitad. Había que continuar y acabar con el trabajo. Yo veo las cosas aquí como una guerra interminable. Creo que los israelís no están preparados para la paz, los árabes tampoco...me refiero a los políticos, puesto que la gente común no quiere problemas. A veces te golpean, a veces les golpeas. Tienes que asegurarte de que les golpeas más fuerte de lo que ellos a ti. Y conseguir que estén tranquilos durante un par de meses más. Hace un año, Israel sufría terrorismo en todos lados. Tuvimos esta operación en Gaza, y ahora está tranquilo. Dentro de medio año, terrorismo en todos lados. Así funciona, aquí en Oriente Medio.

  • N: ¿Entonces crees que es una ilusión conseguir una paz, permanente y profunda?

  • S: Pienso que es posible, pero no creo que suceda ahora, porque ninguno de los dos lados está preparado para ello. Lo oyes en las noticias: dicen esto, lo otro, pero nadie habla realmente. Tomará un par de años, y la gente estará preparada. Al final, tienes a los árabes, a los judíos, ellos están aquí, nosotros también, tendremos que vivir juntos. No hay elección. Tendrán un Estado, tendremos un Estado. Tendrán que reconocer que aquí hay un Estado judío y que tienen que parar de bombardearlo, y hacerle la guerra. Y tendremos que reconocer que viven aquí, y que tienen sus derechos. Pero parece que hoy, nadie está preparado para eso. Creo que si, desgraciadamente, las dos partes sufren lo suficiente, quizá entonces habrá paz. Así funciona en todo el mundo.

Después de esta enriquecedora entrevista sobre guerra y paz, llegó el momento de pasar a la acción. Fuimos a una de las zonas habilitadas para las prácticas de tiro (hay 3 en todo el complejo) y nos unimos a un grupo de judíos americanos, que estaban ahí para recibir el curso de 2 horas para turistas y familias. Mi amiga periodista prefirió abstenerse de participar, y yo decidí llevar la experiencia hasta el final. Empezó la clase. Los instructores nos enseñaron la posición que el cuerpo debe mantener cuando se dispara. Corrimos y disparamos, pero sin armas. Llegaron luego las explicaciones sobre el funcionamiento básico de cada arma. Finalmente pasaron por nuestras manos una M-16 (fabricación estadounidense), una Uzi (fabricación israelí) y una pistola. Disparamos 10 balas con cada una de ellas, 30 en total, sobre una diana de papel. Nos acercamos, después de cada ronda, a nuestra diana, para evaluar nuestro grado de acierto (por cierto, nos llevamos la diana perforada de recuerdo).

Dos de los americanos tenían una puntería inquietantemente buena (la mía no fue muy destacable). Me contaron después que tenían sus propias armas, y estaban a acostumbrados a disparar. Hacia el final de la clase, les pregunté cuál sociedad creían que estaba más armada, la israelí o la estadounidense; no hubo respuesta, sólo un silencio espeso y crecientes miradas de sospecha hacia nosotros. Empezaron a hablar con Sharon en hebreo de forma poco amistosa, y llegados a ese punto, sentimos que el momento de irnos había llegado.

Salir de aquel violento lugar y llegar a Jerusalén fue toda una liberación (y eso, teniendo en cuenta que la Ciudad Santa no es un lugar especialmente relajante). En Calibre 3, tuve fusiles de guerra en mis manos y disparé con ellos por primera vez, pero no alcancé a sentir ese poder y esa adicción de la que nos habló Sharon. Sin embargo, sí pude percibir el goce de todos esos hombres -instructores y alumnos- al disparar, al jugar a la guerra, a la vida y a la muerte, contra el enemigo invisible. Son el reflejo extremo de una sociedad, la israelí, que después de 61 años, es adicta a la violencia, mientras habla -de forma cada vez más enfermiza- de paz.

miércoles, septiembre 23, 2009

La estrategia de BDS, necesaria y efectiva

El Ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, declaraba el 2 de septiembre, antes de su visita a diversos países de Oriente Medio (Egipto, Territorios Ocupados Palestinos, Israel y Siria) que "éste es un momento en el que hay una nueva dinámica de paz, que puede ser la definitiva". La semana pasada, el enviado especial de los EEUU para el Oriente Medio, George Mitchell, se reunía desesperadamente con las autoridades de Jerusalén y de Ramallah, con el fin de poner las bases de un nuevo proceso de negociación. Ayer, 21 de septiembre, se reunían en Nueva York el presidente de los EEUU Barack Obama, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu y el presidente palestino Mahmoud Abbas (aunque éste último dejó de serlo legalmente el pasado 9 de enero).

Nuevos movimientos diplomáticos, con el mismo sonsonete pseudo-pacifista de siempre, que ya no generan demasiadas expectativas entre la opinión pública. Menos aún entre los palestinos que, escaldados con tantos años de engaños y decepciones, con tantos procesos de negociación vacíos, observan estas maniobras políticas con indiferencia. Los "felices años de Oslo" -cuando los "moderados" laboristas israelíes negociaban y hablaban de paz mientras construían colonias a un ritmo sin precedentes- han dejado una marca difícil de borrar en el pueblo ocupado.

Poco se puede avanzar hacia una paz justa cuando hay tantos prisioneros. No me refiero sólo a los cerca de 10.000 prisioneros palestinos y al soldado israelí retenido en la Franja de Gaza. Hay muchos más: EEUU es prisionero del poderoso lobby sionista (judío y cristiano); Israel es prisionero de una ideología racista, colonialista y militarista (sionismo) y del influyente -y agresivo- movimiento colono; la Autoridad Palestina-Fatah-OLP (que son casi sinónimos) son prisioneros de la ayuda militar y económica internacional, de los privilegios adquiridos después de Oslo y de sus ambiciones de poder; y Hamas, sin el cual no se puede llegar a ningún acuerdo de paz, es prisionero en los 360 kilómetros cuadrados de la Franja de Gaza, como consecuencia del bloqueo casi total llevado a cabo por Israel, e implementado parcialmente por Egipto.

Nir Hafetz, el portavoz del primer ministro israelí, ya se encargó hace unos días de aniquilar cualquier brizna de esperanza cuando declaró en la Army Radio que "Él [Netanyahu] ve los asentamientos en Judea y Samaria [Cisjordania] como una empresa sionista, y los colonos de Judea y Samaria como sus -nuestros- hermanos". Añadió que "Hay algunos políticos... que ven parar la construcción, o ceder territorio nacional, o perjudicar a los asentamientos de Judea y Samaria como un activo, algo que puede ayudar a Israel. El primer ministro no forma parte de esta gente". Remató la cuestión diciendo "Nunca habéis oído al primer ministro decir que congelaría la construcción de asentamientos. Lo contrario es cierto."

El equilibrio de fuerzas en este eterno conflicto, donde el ocupante es inmensamente más fuerte que el ocupado, hace que las negociaciones equivalgan a rendiciones para el pueblo palestino. Los desastrosos acuerdos de Oslo son una buena muestra para el pueblo palestino del qué puede pasar cuando se negocia en condiciones de inferioridad. Enfrente de la improductiva y frustrante vía diplomática, la estrategia del Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel se revela cada vez como más necesaria, ya que es posiblemente la única capaz de alterar la balanza del poder. Cualquier experto en resolución de conflictos sabe que es inmensamente difícil arrancar concesiones de la parte fuerte. ¿Por qué lo tendría que hacer? Sólo puede perder. Y es por eso que Israel no lo ha querido hacer, 61 años después de la Nakba, y 42 después de la ocupación de 1967. Pero el BDS tiene el enorme potencial de torcer el brazo a la ocupación y al proyecto sionista, y obligar a Israel a hacer importantes concesiones. Cuando la sociedad israelí llegue a la dolorosa conclusión de que la ocupación de 1967 ya no le sale a cuenta -debido a las pérdidas económicas, el aislamiento político, cultural y académico generados por el BDS- la paz justa estará mucho más cerca.

La estrategia del BDS no sólo es necesaria, sino que además está demostrando ser cada vez más efectiva. A una velocidad muy superior que su precedente sudafricano, está generando un movimiento de solidaridad internacional (incluso dentro de Israel) que no para de acumular pequeñas pero significativas victorias: la desinversión de la empresa francesa Connex/Veolia del tranvía ilegal de Jerusalén; la desinversión del fondo de pensiones público noruego de la empresa Elbit, implicada en la seguridad del muro de Cisjordania; la exclusión por parte de las autoridades españolas de la Universidad colona de Ariel de la competición de arquitectura sostenible Solar Decathlon; la Declaración de Toronto en contra de las celebraciones en honor a Tel Aviv en el Festival Internacional de Cine de Toronto; el apoyo al BDS del sindicato británico TUC, que se añade al ya mostrado por los sindicatos irlandeses y sudafricanos; la recomendación de la Comisión Parlamentaria de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional de Brasil de que el Parlamento de aquel país no ratifique el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Israel y el MERCOSUR hasta que Israel acepte la creación de un Estado Palestino en las fronteras de 1967; y un largo y creciente etcétera.

El camino del BDS ya está trazado. Nos toca a nosotros decidir si preferimos seguir escuchando vacías palabras de paz -como las de la cantante Noa o las de Shimon Peres- o pasar a la acción para hacer de esta paz -justa- una realidad.

viernes, septiembre 18, 2009

Regresando a la ciudad "reunificada"

Ayer jueves regresé a Jerusalén, después de una larga ausencia de un mes y medio.

Como siempre, tomé el servicio de mini-buses israelí (shurut) que conecta el aeropuerto de Ben Gurion (Tel Aviv) con la Ciudad Santa. Los shurut son un servicio privado, más caro que los enormes autobuses públicos (Egged), pero muy práctico porque funciona 24 horas al día y 7 días a la semana, incluso durante el día del descanso judío, el Shabat (al contrario que los buses públicos), y te lleva hasta la puerta de casa. El principio en el que se basan los shurut para determinar la hora de salida es muy simple: cuando se llena, sale. A veces, ese momento mágico llega en 5 minutos; otras veces, se demora casi una hora. En esta ocasión, fui afortunado puesto que el mini-bus (con una capacidad para unas 15 personas) estaba casi lleno, y apenas tuve que esperar 10 minutos.

También como siempre, se repitió la kafkiana e irritante situación en la que todos los viajeros son acompañados hasta la mismita puerta de su casa, y sin embargo a un servidor el autobús le deja unos cuantos kilómetros al sur de la suya. ¿Por qué? Pues porque vivo en Shuafat, un barrio palestino de Jerusalén Este, donde el shurut no osa entrar por "razones de seguridad". Y resalto lo de que el servicio no llega al "Este palestino", porque sin embargo sí llega al "Este judío", es decir, a las colonias del Jerusalén Este ocupado y anexado por Israel en 1967. En esta ocasión se llegó a dar la absurda situación de que a varios pasajeros el bus les dejó en la colonia de Pisgat Zeev, que está pegada a Shuafat. Estuve al lado de mi casa, pero si hubiera exigido que me dejaran también en la puerta de mi hogar, se podría haber desatado un motín en el interior del vehículo. Cuando pedí al conductor que al menos me acercara a la entrada del barrio, puesto que estábamos tan cerca, uno de los pasajeros, con una cara a medio camino entre el horror y el asombro, me preguntó: "¿Vives en Shuafat? ¿Por qué?" Finalmente, viendo la confusión que mi petición generaba en el conductor, le dije que se olvidara del tema y que me dejara en el lugar que inicialmente le había indicado: el hotel American Colony (uno de los pocos lugares del Este palestino a los que llega el shurut). Después de esperar casi media hora (eran las cinco de la mañana), un taxi (que me costó casi tanto como el shurut) me llevó desde el hotel a Shuafat.

Así son las cosas en la ciudad "reunificada" hace 42 años. Hogar, dulce hogar.

sábado, agosto 15, 2009

Cerrado por vacaciones

Perdon por mi silencio. Escribo desde Nairobi, Kenya, donde me encuentro desde el 8 de agosto, por razones ludico-turisticas. Mientras este en este pais, el blog seguira temporalmente parado. El 3 de septiembre regreso a Barcelona, asi que a partir de ese momento espero retomar el ritmo habitual de actualizacion. El 16 estare de vuelta a mi amada Jerusalen.

Besos y abrazos,
mARCEL.

martes, agosto 04, 2009

El cielo es nuestra manta, la tierra nuestra cama

Israel ha vuelto a hacerlo. Con la tranquilidad que da saberse impune, tal como lo ha sido durante los últimos 61 años, ha vuelto a violar de forma flagrante el derecho internacional y los derechos humanos más elementales de los palestinos residentes en Jerusalén Este, ocupado desde 1967.

Aproximadamente a las 5 am del domingo 2 de agosto, decenas de agentes policiales de diferentes unidades llegaron al barrio palestino de Sheikh Jarrah, con la intención de desalojar dos casas, las de las familias Ghawi y Hanoun. Rompiendo puertas y ventanas, entraron en los dos hogares con el fin de expulsar a sus habitantes, así como a los activistas internacionales e israelíes que durante meses han estado durmiendo allí como muestra de apoyo y solidaridad. Cerca de 50 personas de las dos familias fueron expulsadas violentamente, y acto seguido se creó un cordón policial con el fin de impedir que nadie se acercara a las casas. 13 activistas que protestaban fueron detenidos y llevados al complejo policial y penitenciario llamado "Russian Compound", en Jerusalén Oeste.

Poco después de la expulsión, apareció un camión donde los colonos del barrio fueron metiendo a toda prisa los objetos que había en las dos casas palestinas. El camión se marchó, sin ni siquiera informar a las familias acerca de dónde llevaban sus pertenencias. Hacia las 8.30 am, los colonos recibían autorización para entrar en las casas y tomar posesión de ellas. Nasser Ghawi dijo durante aquella mañana al diario israelí Haaretz: "Somos 38 personas en la familia. Ahora, el cielo es nuestra manta y la tierra nuestra cama".

¿Cómo se ha llegado a este trágico desenlace? Después de un larguísimo proceso legal que ha durado 37 años -una mezcla de surrealismo jurídico kafkiano y de jugadas sucias maquiavélicas-, los colonos judíos del barrio de Sheikh Jarrah han conseguido demostrar legalmente que, de hecho, son los legítimos propietarios del sector donde se encuentran las dos casas expropiadas. Los hogares de las familias Hanoun y Ghawi forman parte de un conjunto de 28 casas que el gobierno jordano y la UNRWA (Agencia de la ONU para los refugiados palestinos) construyeron en 1956 para acoger a refugiados que lo habían perdido todo en lo que hoy es Israel, durante la Nakba (1948-1949). Aunque los colonos judíos llegaron 11 años después de esta construcción -con la ocupación de Jerusalén Este en 1967-, la Corte Suprema Israelí ha acabado dando por buenos unos supuestos títulos de propiedad otomanos que datan del siglo XIX, que "demuestran" que la propiedad real del sector es judía, y que por lo tanto tiene que volver a manos judías, expulsando aquellos árabes que la han estado "ocupando" durante 53 años. El objetivo final del plan sionista es apoderarse de las 28 casas, poco a poco, con el fin de demolerlas y edificar posteriormente un nuevo barrio judío, que tomaría el nombre de "Shimon Hatzidic", un sacerdote del segundo Templo supuestamente enterrado en el barrio y que se ha convertido en el pretexto bíblico para apoderarse de todo el sector.

De hecho, estas dos familias no son las primeras víctimas de este plan de limpieza étnica en Sheikh Jarrah. El pasado 9 de noviembre del 2008, la familia Al-Kurd, que vivía en otra de las 28 casas mencionadas, fue la primera en ser expulsada. Abu Kamel, el padre de la familia, que se encontraba gravemente enfermo, murió pocos días después de la expulsión. Om Kamel, la madre, sin ningún sitio más donde ir, ha vivido desde entonces en una tienda a escasos metros de su antiguo hogar, ocupado desde noviembre por colonos judíos. La tienda, situada en tierras privadas de un vecino, se ha convertido en un símbolo de resistencia en el barrio, la ciudad y todo el país. Y es por eso que ya ha sido demolida en 6 ocasiones por las autoridades sionistas. Pero cada vez que es destruida por las excavadoras Caterpillar, reaparece poco después como por arte de magia, tozuda, gritando a los cuatro vientos lo mismo que se puede leer en las pancartas colgadas por el barrio: "No nos iremos nunca de nuestras casas"! Por cierto, fue ese mismo domingo, mientras las dos familias eran expulsadas, que la tienda de Om Kamel fue destruida por sexta vez. Ésta es una guerra de resistencia, una guerra psicológica donde los símbolos son determinantes. Una tienda puede parecer insignificante, pero si uno de los ejércitos más poderosos del planeta se toma la molestia de aplastarla cada vez que puede, quiere decir que ésta se ha convertido en un temible símbolo. David contra Goliat, segunda parte.

Todo indica que los documentos otomanos aportados por los movimientos colonos del barrio son falsos. Es más, las familias de Sheikh Jarrah también cuentan desde principios de año con documentos otomanos, aportados generosamente por el gobierno turco que, después de años mareando la perdiz, empezó a colaborar decididamente con los abogados de las familias palestinas después de los ataques israelíes a la Franja de Gaza el pasado diciembre-enero. Aunque estos nuevos documentos parecían poner fin a la batalla legal, demostrando finalmente que las familias judías no habían sido nunca propietarias sino arrendatarias de este terreno, la Corte Suprema Israelí decidió ignorarlos, determinando que las dos familias contaban hasta el 19 de julio para abandonar las dos casas. Si no lo hacían, aparte de ser expulsadas, tendrían que pagar 50.000 dólares, 50.000 shekels y los dos padres de familia, Maher Hanoun y Nasser Ghawi, serían encarcelados. No lo hicieron, y después de semanas de incertidumbre, miedo, y centenares de visitas de solidaridad (incluidas las de poderosos diplomáticos de los consulados europeos vecinos), los Hanoun y los Ghawi ya están en la calle.

La familia Hanoun, en la puerta de la que fue su casa durante 53 años, en Sheikh Jarrah

Lo más irónico de todo ello es que, incluso en el improbable caso de que los documentos aportados por los colonos fueran auténticos, Israel estaría enviando el siguiente mensaje a sus ciudadanos: reclamad vuestras propiedades anteriores a 1948, porque os serán devueltas. Pero tal como afirma en un comunicado la organización israelí Ir Amim, "El Estado de Israel tiene que reconsiderar las futuras consecuencias de este proceso, que permite a los judíos reclamar la titularidad de propiedades que les pertenecían antes de 1948, pero que impide que estas mismas reclamaciones sean hechas por residentes palestinos. Una apertura general de casos de propiedad -judíos y palestinos- de antes de 1948 podría situar al Estado de Israel en una situación imposible en Jerusalén".

Una vez más, Israel escupe en la cara de toda la comunidad internacional, incluso en la de sus protectores estadounidenses, y sonríe tranquilo, sabiéndose invencible e intocable (es la misma sonrisa que vi en la cara de un colono -armado, evidentemente- el pasado 27 de julio, un día después de que él y sus compañeros ocuparan por la fuerza una casa vacía, también en Sheikh Jarrah). Al fin y al cabo, Israel tiene sobradas razones para pensar así, ya que nunca le han parado los pies desde que se fundó en 1948. Las leyes internacionales, piensa, son un invento del antisemitismo mundial para impedir el objetivo supremo del sionismo: preservar y reforzar la mayoría judía en el Estado de Israel, incluida su "capital eterna e indivisible", Jerusalén. Tristemente Israel pretende ignorar que la Declaración Universal de los Derechos Humanos nació, sobre todo, como respuesta a los horribles crímenes del nazismo. Nazis que, por cierto, también utilizaban una elaborada cobertura legal para expropiar a los judíos alemanes de sus legítimas posesiones.

A continuación podéis encontrar el reportaje que la cadena Al-Jazeera realizó el día en que las familias Ghawi y Hanoun fueron expulsadas de sus hogares:



Y aquí podéis ver el momento en que la policía reprime a los manifestantes:


sábado, agosto 01, 2009

Israel, el país más inseguro para los judíos

Ayer jueves la organización "Vision of Humanity" dio a conocer los resultados de su estudio anual sobre la situación de la paz en el mundo. La metodología utilizada consiste en calcular la puntuación del Indice de Paz Global (Global Peace Index - GPI) de cada país, y establecer un ranking mundial, ordenando los países de más a menos seguros.

De los 144 países estudiados, Nueva Zelanda resultó ser el más pacífico (puesto 1) y, en el otro extremo, Iraq tuvo el triste honor de ser el más inseguro (puesto 144). España obtuvo el puesto 28.

Israel, al igual que en los años anteriores, acabó en la cola del pacifismo planetario, concretamente en el puesto 141. Es decir, según el estudio, entre los países analizados, sólo Somalia (142), Afganistán (143) e Iraq (144) son más inseguros que Israel. En 2008 el Estado judío quedó quinto por la cola, y en 2007 tercero.

Es irónico que el Estado que el movimiento sionista concibió y creó para que fuera un "refugio seguro para los judíos", como respuesta al salvaje anti-semitismo europeo, sea a 61 años de su nacimiento -siempre según este estudio- de hecho el país más inseguro del mundo para los judíos. Otros países con importantes comunidades judías quedan muy por encima en el ranking, como son Estados Unidos (96) o Francia (34).

Sería bueno que los sionistas, tanto dentro como fuera de Israel, reflexionaran un poco sobre el por qué de este fracaso, sin caer ni en el victimismo eterno ni en las acusaciones paranoides de anti-semitismo que caracterizan a esta ideología.